lunes, 20 de septiembre de 2010

Creación del Quinto sol.

Creación del Quinto Sol

Creación del Quinto sol.
  
Creación del Quinto sol. 2Ometecuhtli, el creador supremo y su esposa Omecíhuatl, tuvieron cuatro hijos, y cada uno representa una era y un elemento de la naturaleza: tierra, fuego, viento y agua. Así, mientras estas fuerzas estén equilibradas, habrá sol, dice la leyenda, pero si reina el desequilibrio, el sol, la tierra y los humanos de esa era morirán.

   Sin embargo, los dioses, que casi siempre son vanidosos, lucharon para demostrar su supremacía ante los otros y esto desequilibro el cosmos.

   El primer sol fue creado por Tezcatlipoca, dios de la tierra. Sin embargo, el hombre que creo fue gigante y sólo pudo alimentarse de bellotas, por lo que creció débil y los jaguares terminaron devorándolo.

   El segundo sol lo creo Quetzalcóatl, dios del viento. Los seres humanos solo tenían semillas para alimentarse y, debido a e los grandes vientos creados por el dios, salían volando lejos.
Creación del Quinto sol. 3
                           
   El tercer sol fue creado por Tlaloc, dios de la lluvia. Sin embargo, los hombres sólo tenían cereales para alimentarse y no eran suficientes. En esta era los volcanes enterraron al mundo entre cenizas y piedra volcánica.

   Chalchiutlicue, diosa del agua, creo al cuarto sol. Los humanos se alimentaban de una semilla pero no era suficiente para estar fuertes y con las inundaciones creadas por la diosa murieron.
   Los dioses se dieron cuenta de que necesitaban los humanos para que los veneraran. Para ello necesitaban un quinto sol. Pero ¿Cómo crearlo? Sólo si los dioses se sacrificaban podrían tener un quinto sol. Asi que pidieron voluntarios para arrojarse al fuego.

  Teucciztecátl y Nanahuatzin se ofrecieron como voluntarios. El primero era un dios agraciado y reconocido. En cambio Nanahuatzin era feo y sus ropajes modestos. Cuando Teucciztécatl intento arrojarse, el miedo fue más fuerte que él y retrocedió en cuatro ocasiones. Cuando tocó el turno a Nanahuatzin, esté se arrojó sin ningún titubeo.

  Al anochecer, apareció una bola de fuego en el cielo. Su brillo era tan fuerte que nadie podía mirarla directamente. Los dioses supieron  que era Nanahuatzin. Después apareció otra bola igual de brillante, pero los dioses decidieron que no podía brillar, pues ese dios había sido un cobarde; así que arrojaron un conejo a la hoguera que tenían encendida y, a los pocos minutos, la silueta del conejo apareció en la segunda bola de fuego. Así se crearon el sol y la luna.



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